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A menos luz mejor resultado |
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lunes, 24 de octubre de 2005 |
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Es como que si no ponemos “más luz”, la foto no estará bien hecha. En la fotografía de retrato -no confundir con la foto de moda-, el hecho de colocar mucha luz nos llevará seguro a una mayor complicación, tanto en la medición de la misma como en el cuidado que habremos de tener para no conseguir como resultado final una imagen con luces cruzadas unas con otras, provenientes de varias direcciones diferentes y todas ellas con el carácter de una luz principal.
Para el ser humano existe una única fuente de luz que es el Sol. Ésta puede presentarse de forma directa o indirecta, y lo mismo debería suceder -con pequeños matices adicionales- en nuestra fotografía de retrato. El arte del fotógrafo y la correcta técnica de la iluminación es crear una imagen con luces y sombras que “moldee” el sujeto u objeto a fotografiar. Al igual que un alfarero da forma con sus manos a un trozo de barro, nosotros con nuestros flashes deberíamos saber “dar forma” a las personas que se presentan en nuestro estudio. Para ello es importantísimo elegir bien la luz principal que será la encargada de modular a la persona y que completará el 85% de nuestra iluminación final. El resto de luces solamente deben tener la función de aclarar sombras, dar pequeños efectos de luz, o bien de iluminar el fondo.
Todos los ejemplos que muestro en este número están realizados con un máxmo de dos puntos de luz y pequeños aclaradores para las sombras.
Esta foto presentada está realizada con tan sólo dos puntos de luz. Una luz principal basada en una caja tipo box-lite que ilumina la cara de la modelo y un segundo punto de luz que, en este caso, es un nido de abeja que ilumina el pelo. En el lado opuesto a la caja de luz, colocamos una pantalla tipo porex para acabar de matizar las sombras.
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