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Cada día que pasa estoy más agradecida a la fotografía digital. Con el tiempo y la ayuda de mis profesores y colaboradoras de mi estudio, he logrado un equilibrio en el trabajo, he distribuido el tiempo y el esfuerzo, he aprendido a delegar y aspiro a encontrar más calidad de vida.
La fotografía digital arrasa con nuestro tiempo, se instala en todos nuestros espacios: de trabajo, de hogar, de ocio.
Sólo desde la serenidad y la ilusión se puede crear, pararte a pensar, muchas veces es más rentable que trabajar sin fin. Conozco a muchos compañeros estresados, consumidos porque piensan que todo debe pasar por ellos y no tienen un minuto de descanso. Desde aquí les digo que vale la pena confiar en colaboradores que salen formados de las escuelas de imagen y sonido, son gente preparada, responsable y con una visión distinta que aportan, en mi opinión, un aire de renovación a nuestros negocios.
Debo reconocer que a mí me costó entrar en esta dinámica, y sobre todo, creer que los consejos que me daban darían sus frutos. A mí me ha servido de mucho, por eso he querido hacer esta reflexión, por si alguien como yo quiere salir de la rutina y empezar a vivir no sólo enfocando con nuestra cámara a nuestros clientes, sino algo mucho más importante... enfocando nuestra propia vida.
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