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jueves, 27 de octubre de 2005 |
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De las reflexiones veraniegas he sacado varias conclusiones: organizar el tiempo de mis colaboradoras de modo que no interfieran entre sí y que el trabajo sea más dinámico y productivo. Intentaremos alternar nuestros diseños con un programa de maquetación para iniciar a otra de mis compañeras en el diseño de los álbumes y dar así más fluidez a los reportajes realizados.
El secreto para no agobiarse es dar mucha salida al trabajo; los ordenadores llenos de imágenes en tiempo de espera sólo producen nerviosismo y malestar. Ya comentaba el otro día la necesidad de colaboradores profesionales para un ritmo continuo de trabajo que conlleva satisfacción para el cliente y rentabilidad para nuestros negocios.
De nada sirve tener mucho trabajo si no se entrega en un espacio de tiempo donde el interés del cliente aún está impregnado de esa sensación de emoción que existe en el momento que capturamos sus imágenes. Por experiencia diré que, cuando un trabajo se entrega pronto, los encargos de copias para familiares y padres son muy superiores a los que pueden confiarte si lo entregas muchos meses después. Nosotras no dejamos que el ambiente se enfríe; una respuesta rápida en la entrega del trabajo produce ilusión y un reclamo inmediato para el entorno de nuestros clientes.
Si yo pretendiese hacerlo todo, posiblemente mi negocio no funcionase la mitad de bien. Ésta es la reflexión de vacaciones que destaca por encima de todas y me gustaría recalcarla porque sé que a muchos compañeros les cuesta delegar y se equivocan ya que rodearte de un buen equipo es esencial para lograr metas en el trabajo y sobre todo momentos de respiro.
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