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El ojo de pez de bolsillo de Nikon |
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lunes, 05 de diciembre de 2005 |
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Intentaré explicarlo de forma sencilla aunque posiblemente, por dicho motivo, con poco rigor científico. Si comparamos con ayuda de un microscopio la superficie de una emulsión fotográfica tradicional, observaremos que ésta es prácticamente lisa, pero si hacemos lo propio con un sensor fotosensible veremos que existe una notable diferencia. Los fotositos que forman dicha superficie están ubicados en una especie de celdas que separan uno del otro. Dichas celdas tienen una especie de paredes que se podrían llegar a proyectar sobre los fotositos que albergan en su interior (vuelvo a repetir que la observación es microscópica). Como es lógico, antes del nacimiento de los sensores actuales el ángulo de incidencia de los rayos luminosos transmitidos por un objetivo sobre la emulsión fotográfica no era el gran problema de los fabricantes, pero la situación expuesta en las líneas anteriores ha obligado a éstos a plantearse de forma diferente la fabricación de las ópticas.
Los objetivos que se fabrican en la actualidad, de proyección equisólida, tienen como variante más importante la perpendicularidad con la que proyectan los rayos luminosos que forman la imagen y de esa manera evitar la formación de posibles sombras sobre los fotositos.
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