|
Página 9 de 11
Un píxel es representado finalmente por un fotodiodo que responde a la luz generando una pequeña descarga eléctrica (véase como funciona un fotómetro). A mayor tamaño de fotodiodo tendremos mayor tamaño de píxel, finalmente del CCD y, por tanto, mayor descarga eléctrica.
Pero si el tamaño es pequeño, la corriente generada es obviamente pobre y significará que tenemos poca “sensibilidad” y que tendremos que ampliar la corriente generada para aumentar la gama “de sensibilidades” (no olvidemos que en nuestras cámaras para película química si queríamos cambiar la sensibilidad teníamos que cambiar obviamente la película, pero en cambio en las digitales cambiamos alegremente la “sensibilidad” sin cambiar el CCD).
¿Qué sucede entonces cuando el tamaño del píxel es pequeño? Pues que habrá que amplificar obligatoriamente esa señal eléctrica con la consecuencia directa de una escena con una pobre gama tonal y una aparición directa de “ruido” en la imagen.
Con lo cual a todas luces parece obvio que la calidad de imagen queda solucionada haciendo fotocélulas grandes que las montaremos en captadores más grandes y caros.
Pues esto es así solo en parte, porque los fotodiodos más grandes tienen un problema que son las altas luces desbordándose rápidamente y contaminando a los píxeles cercanos (el llamado efecto “flaire”, exactamente igual que nos ocurre en una sobreexposición en una película química).
Y es aquí donde aparece en escena el captador Super CCD SR II. Con un total de 6,17 millones de fotodiodos “R”, de tamaño más reducido y de menor sensibilidad que se encargan de registrar sólo las altas luces, y otros 6,17 millones más de fotodiodos “S” de mucho mayor tamaño y que registra las sombras y las luces medias.
|