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viernes, 17 de febrero de 2006 |
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Pero desgraciadamente también está empezando a crear una cultura en las jóvenes generaciones de fotógrafos y en las de algunas personas que desembarcan directamente del mundo digital, en la que reza eso de que “da igual saber o no de iluminación, de fotometría, de reglas de tercios, perspectivas, etc. porque finalmente todo se arregla en el ordenador”. Grave error, se olvidan de que la base de la fotografía no cambia en absoluto porque cambie el lugar final donde quede capturada la luz y que de donde no ha quedado nada registrado, o donde los blancos han “desaparecido” por causa de una mala medición, nada se puede sacar.
Como de esto último son conocedores, también está empezando a correr una máxima que dice algo así como “mejor que te queden cortas, que luego en el ordenador las subimos”…sic!
Actualmente muchas empresas que realizaban catálogos de sus productos están dejando de contratar a fotógrafos de publicidad para adquirir uno o dos puntos de luz, una cámara digital (en la que la correcta fotometría se consigue a golpe de realizar infinidad de tomas del mismo producto y visualizar en la pantalla de la cámara), adquirir en el mejor de los casos algún librillo de fotografía y en un pequeño despacho de la empresa hacerse su propio “estudio” de fotografía para realizar sus “catálogos” (y sé muy bien de lo que hablo). No quiero que suene a catastrofismo, tan sólo comento algo que les aseguro es una realidad.
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