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lunes, 20 de febrero de 2006
Ínicio
Cuaderno digital
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 AJUSTES ANTES DE DISEÑAR

por Jorge Miguel Jaime

Foto Izq. Instantánea tomada con la Canon Eos 1D Mark II sin ajustar la temperatura de color. Foto Dcha. Fotografía ajustando la temperatura de color en el Photoshop.


Toda la euforia en torno a la tecnología digital no tendría sentido si realmente no hubiera considerables ventajas que inclinaran la balanza a su favor como por ejemplo el ajuste al milímetro de la temperatura de color. Podemos definir la temperatura de color como el color que tiene la luz blanca medida en grados Kelvin, en otras palabras, el color dominante que resulta dependiendo de la fuente de luz que escojamos.

Antiguamente debíamos utilizar distintos rollos de película según las condiciones en las que íbamos a disparar, pero actualmente esto no es necesario gracias a la tecnología de las máquinas.

Son muchos los profesionales que contactan conmigo porque tienen problemas de color en sus fotos de estudio. Nuestros estudios están habitualmente dotados con puntos de luz de colores diversos para acentuar algunas zonas o crear ambientes cautivadores. Es fácil que la máquina intente equilibrar y medir la temperatura de todas las luces y el resultado sea un auténtico desastre. Para ello tenemos dos posibles soluciones:

  1. creación de un balance de blancos personalizado. Por ejemplo, tenemos una luz azul imitando la luna. Para la confección del balance debemos apagar esa luz y realizar la toma de luz blanca. Una vez que tengamos el ajuste grabado, encenderemos la conflictiva luz que dará al fondo el color deseado. Dado que los balances de blancos están diseñados para que el blanco parezca blanco, si hubiésemos medido con la luz azul también se hubiera equilibrado esa luz obteniendo un resultado no deseado.
     
  2. usar el formato RAW para no tener sobresaltos. Utilizando la mayor calidad en el formato JPEG obtendremos un imagen con alta calidad de nitidez, sin artefactos de compresión y con gran fidelidad de color. Sin embargo, si empleamos un ajuste de temperatura de color equivocado puede que resulte imposible recuperar el color original. He aquí uno de los datos que denotan la  importancia de la utilización de los archivos RAW. 

Pero para explicar bien su dimensión y alcance debemos comenzar por el principio. El RAW es un formato propio de cada fabricante que guarda “en bruto” la toma realizada permitiéndonos hacer ajustes (color, exposicion, etc.) que de otra forma serían impensables. Cuando realizamos una captura en JPEG, los ajustes de la máquina de temperatura de color matriz y demás se acoplan que modo que ya no hay forma de volver atrás. Si esa misma captura la realizamos en RAW, los ajustes de los que hablamos permanecen sueltos permitiéndonos reajustar la imagen en el cuarto oscuro digital. Se puede afirmar así que el RAW es el negativo electrónico de donde más calidad y precisión vamos a partir. El inconveniente es el tamaño de archivo que obviamente es mayor y nos obliga a llevar más tarjetas y algún dispositivo de descarga externo para nuestra tranquilidad.



 
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