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lunes, 06 de marzo de 2006 |
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Cristina se había apoderado de la FZ30 porque quería realizar las diferentes pruebas de obturación aprovechando el estabilizador de imagen y de paso se ahorraba cargar con un trípode el largo camino que representa cruzar a pie nuestro último escenario. Cuando terminamos el recorrido tuvimos ocasión de ver las imágenes que había capturado y no pudimos evitar volver a ensalzar las prestaciones de la cámara. Comimos allí mismo y decidimos saltarnos Belchite, que era una parada programada, ya que Jose debía estar en Barcelona temprano para regresar a Madrid. Durante el camino de vuelta, la cámara volvía a estar en mi poder y de repente observamos un fenómeno que nos llamó poderosamente la atención. Se trataba de un trozo de arcoiris que aparecía en el cielo sin ningún tipo de continuidad, algo insólito que ninguno de nosotros había visto con anterioridad. Pilar sacó la cabeza por la ventanilla y a la velocidad que íbamos, unos 130 Km/hora, no tuvo ningún problema para capturarlo.

Mientras conducía iba escuchando los disparos y recordaba los problemas que en situaciones semejantes había tenido con otras cámaras y no me lo podía creer. Disparaba con autofocus y el disparo era instantáneo. Otro motivo más para ensalzar las prestaciones de la FZ30.
El resultado de este taller no me corresponde a mi valorarlo ya que dicho juicio es más apropiado que lo hagan los asistentes, pero lo que no puedo obviar es que tres de los asistentes acabamos comprándonos la Lumix DMC-FZ30 nada más llegar a Barcelona. Felicidades Panasonic.
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