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lunes, 06 de marzo de 2006 |
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Y por último yo que, a través de mi colaboración con esta revista, supongo que ya me conocéis un poco. El primer día les comenté que llevaba la DMC-FZ30 para probarla y que la utilizaran cada vez que quisieran y me dieran su opinión. La estrenamos durante la cena y como no, con ayuda de Manolo, dispusimos el estabilizador de imagen.
Primero realizamos unas cuantas fotos con flash, como realizaría cualquier aficionado, para guardarlas de recuerdo de nuestra primera cena. Ya se habían empezado a romper los hielos clásicos de estos encuentros y la cámara nos permitió entrar en un contacto mucho más directo. La elección de un rincón donde se ubicaban varias botellas y un dispensador de chicle nos pareció a todos perfecta para empezar a probar. La luz era de incandescencia por lo que optamos por recurrir al equilibrio de blancos y seleccionar dicha temperatura. La luminosidad de la escena no era muy buena por tratarse de un rincón y pensamos que la exposición sería lo suficiente problemática como para no conseguir una buena toma sin trípode.
Estuvimos un rato bromeando sobre quien tenía mejor pulso y una vez decidido disparamos por primera vez. A primera vista la foto no tenía problemas pero realizamos otro disparo con el estabilizador y, descargadas las dos imágenes en un portátil, tuvimos ocasión de valorar la primera prueba.
  Sin estabilizador Con estabilizador
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