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martes, 30 de mayo de 2006 |
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Los fabricantes de cámaras de medio y gran formato se planteaban como irrumpir en el mercado digital sin dejar atrás ni las importantes inversiones realizadas hasta la fecha en el sector ni el concepto básico del tamaño y calidad de imagen que hasta entonces les había caracterizado. Por otro lado estaba la no menos importante inversión que habían realizado los usuarios de sus modelos, generalmente profesionales, que dependen directamente de sus equipos para rentabilizar su trabajo diario. No es lo mismo hacer cambiar de cámara a un reportero que trabaja con paso universal y que en dos o tres años la ha amortizado y se dispone a sustituirla por un modelo más actualizado que a un fotógrafo de plató que supera con creces esa inversión y además el castigo al que está sometido su equipo difiere muchísimo del primero.
Por lo tanto la sustitución de los equipos fotográficos tradicionales por los digitales se ha realizado atendiendo a la lógica y en función del grado de inversión, así pues podemos ver como las nuevas compactas han venido a sustituir íntegramente a sus predecesoras, en las réflex tenemos la posibilidad de aprovechar, por lo menos inicialmente, los objetivos y a partir del medio formato prácticamente sólo variaba el respaldo, por lo que en principio el cuerpo y las ópticas se mantenían. Pero ya ha pasado el suficiente tiempo como para haber tomado una decisión, tanto los fabricantes como los fotógrafos y para ello la mayoría de marcas de medio formato que en su día se subieron al carro de las nuevas tecnologías tienen en el mercado sus modelos.
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